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Bienestar laboral: Algunas claves para sentirse bien en el trabajo

Es este momento en que muchos acabamos de regresar del merecido descanso de las vacaciones estivales es frecuente escuchar a familiares y amigos o incluso a nosotros mismos hablando de lo duro y negativo que resulta la vuelta al trabajo. Incluso en los medios de comunicación con frecuencia se menciona el conocido “síndrome postvacacional”. Sin embargo, afortunadamente no todo el mundo tiene por qué sentirse triste y apesadumbrado por el hecho de retomar la actividad laboral. Para ello quiero plantear algunas de las claves que pueden hacer que no sólo no vivamos nuestro trabajo con malestar sino que además disfrutemos de él.

En las últimas décadas se ha hablado mucho más del estrés laboral y de los efectos negativos de éste sobre la salud física y mental de las personas que sobre el estrés positivo o eustrés que también puede derivarse del trabajo. Éste tiene lugar cuando encontramos un equilibrio adecuado entre las demandas de nuestro trabajo y nuestros recursos para hacerles frente y repercute positivamente sobre nuestra salud.

De algún modo como ya comentaba el filósofo K. Marx “El trabajo dignifica al hombre”. El trabajo nos aporta, por supuesto, el sustento económico que nos permite satisfacer nuestras necesidades básicas, pero además puede contribuir de forma positiva a nuestra salud y bienestar personal. El plano profesional es uno de los pilares fundamentales de nuestra vida tanto por su significado como por el espacio temporal que ocupa en nuestro día a día, por eso es importante que tengamos presentes los aspectos positivos de nuestro trabajo.

En primer lugar el hecho de tener un empleo digno ha de considerarse como una posibilidad, que nos brinda oportunidades y no como un inconveniente.

En segundo lugar, la actividad física y mental que realizamos en el trabajo contribuye a mantener nuestro nivel de salud.

El trabajo nos posibilita asimismo realizar tareas que alimentan nuestros sentimientos de auroeficacia y valía personal, es decir, nos permite sentirnos útiles, eficaces, válidos y refuerza nuestro autoconcepto.

En tercer lugar el trabajo nos permite tener un mayor número de relaciones personales. Y este contacto social puede tener múltiples beneficios: cooperación frente a los problemas, apoyo emocional, desarrollo afectivo, etc.

En cuarto lugar, con nuestro trabajo contribuimos a la producción de bienes y servicios necesarios para el bienestar de otros individuos y grupos: todos los trabajos producen algo para otros, por lo tanto, mejoran el bienestar de los demás.

En definitiva, tener un empleo sea del tipo que sea supone desarrollar de una actividad con sentido: el trabajo permite que las personas podamos “ser útiles” haciendo algo que estamos en condiciones de hacer y que sirve a una finalidad social; desde ese punto de vista, el trabajo permite “pertenecer” a la comunidad y sentirse satisfecho con sus resultados.

 

Desde esta perspectiva más positiva del trabajo, la Psicología de la Salud Laboral, enfocada en fomentar el bienestar físico, mental y social de los trabajadores,  ha descrito un nuevo término conocido como “engagement” en el trabajo, que se ha traducido al español como vinculación psicológica al trabajo. El engagement se trata de un estado afectivo-emocional positivo y de realización en el trabajo, que tiene tres dimensiones: Vigor, Dedicación y Absorción.

El Vigor se caracteriza por elevados niveles de energía y resistencia mental mientras se trabaja, la disposición a invertir esfuerzos en el propio trabajo y la persistencia incluso a pesar de las dificultades.

La Dedicación se refiere a estar intensamente implicado en el trabajo, experimentar un sentido de significado, entusiasmo, inspiración, orgullo y reto.

La Absorción se caracteriza por estar completamente concentrado y absorto en el propio trabajo, tener la sensación de que el tiempo pasa rápidamente en el trabajo y tener dificultades para desconectar de lo que se está haciendo, debido a las fuertes dosis de disfrute y concentración que se experimentan.

Algunos autores lo han contemplado como el opuesto al síndrome de burnout, sin embargo, estar “engaged” es algo más que no estar quemado, ya que supone un mayor nivel de bienestar en el trabajo. Los empleados “engaged”, no sólo no están agotados o no se muestran distantes de su trabajo sino que tienen elevados niveles de energía, se muestran entusiastas con su trabajo y con frecuencia están plenamente inmersos en su trabajo de manera que el tiempo pasa volando.

Alcanzar este estado de bienestar en el trabajo depende de factores organizacionales y laborales (las condiciones laborales, el nivel de exigencia en el trabajo, la autonomía y control sobre la propia actividad laboral, la creatividad que nos permite desarrollar, las relaciones personales con compañeros y directivos, etc.) pero también de factores personales. Nosotros mismos también podemos hacer algo para encontrarnos satisfechos en nuestro trabajo. Tratar de afrontarlo con positividad, buen humor y de forma proactiva y dinámica puede acercarnos en gran medida a ese estado de bienestar laboral que hemos descrito y que todos anhelamos. Del mismo modo, organizarnos el tiempo y las tareas racionalmente, comunicarnos asertivamente con los demás, tratar de mantener un buen equilibrio entre vida personal y laboral, así como prevenir el estrés antes de que nos desborde, son acciones que podemos poner en marcha sin demasiado esfuerzo y que pueden resultar sumamente saludables a corto y largo plazo.

En definitiva, el trabajo puede hacernos sentir un mayor satisfacción vital por todas las razones aludidas y una parte de esa satisfacción está en al alcance de nuestra mano y depende de nosotros. Esperar a que llegue no es lo más recomendable, en cambio emprender una búsqueda activa y personal de un mayor bienestar laboral lo hará mucho más probable.

“Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo”

(Benito Pérez Galdós)

Foto: Lars Plougmann

 

Sobre Laura Bermejo

Licenciada en Psicología y Diploma de Estudios Avanzados en la Universidad P. Comillas de Madrid. Pirmer Premio Nacional de Licenciatura (2003) y profesora colaboradora en la Universidad P. Comillas de Madrid. Experta en estrés docente e implicación laboral en profesores, cuenta con varias publicaciones sobre el tema en revistas científicas de reconocido prestigio, y ha participado como ponente en numerosas reuniones científicas nacionales e internacionales. Ha impartido numerosas conferencias y cursos sobre el estrés docente y sus pautas de prevención e intervención. Es psicóloga del Centro de Día DIEM (Deficiencia y Enfermedad Mental) de la Fundación Carmen Pardo Valcarce.