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Cuando los deberes son un problema familiar

Por Belén Marina Gras

“Andrés, es la quinta vez que te digo que te pongas a estudiar”. “¿Otra vez te has dejado el libro en el colegio?”.” Pero ¿quieres dejar de dar vueltas, que en teoría llevas media hora estudiando y todavía no has hecho nada?”.

¿Frases familiares? Seguro que lo son para muchos. Estas, y otras muchas. El problema es que son frases que, en ocasiones, esconden una gran tensión. En muchas familias, los deberes y el estudio de los hijos son un momento de lucha, de enfrentamiento y, con frecuencia, una fuente de frustraciones continuas para todos. Los padres son conscientes de la importancia de alcanzar niveles aceptables en los estudios, tanto por las futuras repercusiones en la vida laboral de los hijos como por las no menos importantes actitudes y lastras que conlleva el fracaso escolar (autoestima baja, poca motivación de logro, poco desarrollo del autocontrol y la responsabilidad, etc.).

 

SUS DEBERES ¿SON LOS NUESTROS?

Son muchos los niños que parecen no ser capaces de hacer su trabajo para casa de forma autónoma y exitosa. Olvidan tareas y materiales, no se organizan, hacen lo imposible por posponer el momento de trabajar…. o se ponen, con su mejor voluntad y todo su interés, pero se eternizan y finalmente no alcanzan los objetivos deseados. Todo esto, a pesar del empeño de unos padres que, muchas veces agotados tras su propia jornada laboral, dedican mucho tiempo y grandes dosis de paciencia a ayudar a sus hijos sin ver grandes resultados. Cualquier padre sabe hoy mucho más sobre técnicas de estudio de lo que nunca supieron los abuelos. Pero, claro, una cosa es la teoría (se estudia siempre en el mismo sitio, a la misma hora, sin nada que nos distraiga, con todo el material a mano, etc.) y otra muy distinta bregar con la dura realidad (los padres llegamos cuando podemos, los niños no quieren estudiar en sus magníficas mesas de estudio, insisten en que el tuenti está abierto porque están resolviendo dudas de matemáticas, el material no está porque parece que nunca les llega el interés para traerlo…. y un largo etcétera.)

“Pues nosotros estudiábamos solos”. Pues sí, generalmente así era. Pero las circunstancias no son comparables. El esfuerzo personal se valoraba de otra manera hace años, y la responsabilidad era una cualidad universalmente valorada. Además, nosotros no teníamos el mismo abanico de posibles distracciones que tienen nuestros hijos (montones de canales de TV, videoconsolas, redes sociales, juegos en Internet…).

SABER ESTUDIAR, QUERER Y PODER ESTUDIAR

En resumen, hay muchos niños que no rinden como deberían en su trabajo diario en casa, bien porque no saben cómo hacerlo bien (no se organizan, les faltan técnicas adecuadas de trabajo), bien porque  no tienen motivación alguna para hacerlo. Y, como consecuencia, son muchos los padres que llegan a casa agobiados, anticipando la lucha que todavía les queda por delante, cuando a sus ojos lo deseable sería poder sentarse a descansar un rato, charlando con sus hijos, en lugar de ir minando su relación con ellos a base de discusiones y reproches diarios por los deberes y el estudio.

Entonces, ¿qué queremos conseguir?

  • Que nuestros hijos se responsabilicen de sus propias tareas y exigencias, siendo conscientes de que en la vida real no hay recompensa sin esfuerzo.
  • Que conozcan y manejen adecuadamente las técnicas de trabajo que les permitan maximizar el éxito en función del esfuerzo realizado. Habilidades de planificación, análisis y síntesis de la información, memorización, autoevaluación…
  • Que sean capaces de establecer sus propios objetivos y metas, poniendo en funcionamiento a continuación los mecanismos necesarios para alcanzarlas.
  • Que puedan persistir en sus esfuerzos cuando hay dificultades, sin desanimarse ni tirar la toalla al primer sentimiento negativo (ansiedad, aburrimiento…) que experimenten.
  • Que mejore nuestra relación con ellos, a veces deteriorada por  la tensión  y el enfrentamiento diarios, que nos hacen sentir a unos y a otros como si en la vida “no hubiera más que deberes”.

Así enumerados, nuestros objetivos no parecen complicados. Lo que sí puede resultar difícil es salir del círculo vicioso en el que a veces las familias se encuentran en relación a este problema. Para estas situaciones, Betania ofrece un ESTUDIO DIRIGIDO para niños de últimos cursos de primaria y primeros de secundaria, guiado por profesionales cualificados, que puede seros de gran utilidad.

Aquí tenéis toda la información, por si os resulta de utilidad.

 

Foto:  Andy M Taylor

Sobre Belén Marina Gras

Licenciada en Psicologí­a. Especialista en Psicologí­a Clínica. Máster en Terapia de Conducta Infanto-Juvenil y Familar.

2 comentarios

  1. Interesantísimo.
    Han descrito perfectamente lo que me ocurre al llegar a casa, todos los días, es agotador.
    Tengo 2 hijos, 11 y 8 años, además el pequeño tiene inatención y CI bajo-limite.
    Lástima que estén a 250 km pero estamos pensando en contratar una pedagoga que nos ayude tal cual lo describen vds.
    Me ha encantado y me va a ser de mucha utilidad.
    ¡Muchas gracias!

  2. Nos alegra serte útiles. Y sí, por lo que cuentas, parece una buena idea contratar a una pedagoga. ¡Mucha suerte!