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Mi hermano tien TDA-H, y eso me complica la vida

Por Belén Marina.

Podemos encontrar cientos de artículos y referencias al Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad. Hay mucho escrito al respecto. Sabemos que son niños con dificultades de concentración, impulsivos, desobedientes, muy cambiantes e imprevisibles. Sabemos que tienen un problema de autocontrol, que con frecuencia tienen malas notas y que no suelen ser los mejor aceptados de la clase. Sobre ellos lo sabemos casi todo. Sobre sus padres y maestros, muchas cosas, ya que también hay mucha información sobre tratamientos farmacológicos, formas eficaces de manejar su conducta, etc.

Pero ¿cómo es tener un hermano con TDAH? Es difícil encontrar estudios sobre los hermanos de los niños diagnosticados de TDAH. ¿Qué supone para ellos?

 

“MI FAMILIA ES COMPLICADA”

“Mi casa no tiene nada de tranquila. Siempre hay mucho lío: nervios, gritos, impaciencia… Y casi todo es alrededor de mi hermano. Casi todos los días hay un problema: una queja del colegio, una pelea, una mentira, una mala contestación, algún destrozo… Llego a casa pensando qué ocurrirá hoy.”

Los hogares de niños con TDAH tienden a ser más bien caóticos. Para empezar, porque es muy difícil hacer planes con un hijo hiperactivo. Uno puede pensar que va a dedicar la tarde a trabajar mientras los hijos estudian y juegan. Pero, casi siempre, algo ocurrirá. Y lo que ocurra no tendrá nada que ver con lo planeado: tal vez haya que ir a buscar de nuevo los libros al colegio, porque han quedado olvidados y mañana hay examen; o tal vez haya que hacer una visita urgente a la óptica porque las gafas “han aparecido” misteriosamente rotas. Y es posible que los hermanos tengan que venir también, porque no hay con quien dejarlos.

Los hermanos, en estas circunstancias, se acostumbran a no confiar demasiado en que lo planeado se llevará a cabo. Pero es duro. Los planes se truncan fácilmente. No es fácil, por ejemplo, ilusionarse con visitar con los primos  otra ciudad, y que todo acabe precipitadamente y volvamos a casa cuatro horas antes de lo previsto porque tu hermano no para de meterse en líos (toca lo que no debe en un museo y le llaman la atención, hace preguntas impertinentes a dos señores mayores que comen en la mesa de al lado, se pelea con tu primo pequeño…). Y eso que eran los primos y los tíos..

La vida cotidiana es imprevisible. Y, además, los hermanos saben que seguirá siéndolo mucho tiempo.

 “MIS PADRES ESTÁN CANSADOS Y TENSOS”

“Ayer vi llorar a mamá. Le decía a papá que no podía más, que era un desastre como madre. Esto no suele ocurrir, pero yo sé que está cansada. Mis padres tienen todo el trabajo que tienen otros padres, pero además están los problemas de mi hermano. No descansan nunca y siempre están alerta, vigilando.”

Tener un hijo con TDAH es, ciertamente, una importante fuente e estrés añadida a la vida cotidiana. Así lo recogen todos los estudios y ningún padre de TDAH dirá, por mucho que adore a su hijo – que todos lo hacen -, que la convivencia con él es fácil. Todos sienten que son una bendición, pero son muchos los problemas, y en muchos frentes diferentes.

A veces, los padres terminan convenciéndose de que no son buenos padres, porque lo que ponen en práctica con su hijo no funciona, o lo hace por un tiempo limitado y luego tienen la sensación de tener que volver a empezar. Una y otra vez.

Y no sólo por la conducta del niño, sino por todo lo que en ocasiones lleva aparejado: el niño con TDAH necesita mucha dedicación, absorbe muchas horas del día (hay que ayudarlo con los deberes, llevarlo al psicólogo, al neurólogo, visitar al tutor, vigilar que hace lo que se le dice, aunque sea a la quinta en lugar de a la primera…). Y los padres no tienen apenas un rato libre.

¿Y si lo tuvieran? Pues a veces, no es fácil aprovecharlo para ninguna actividad fuera de casa. ¿Con quién los dejamos? Los canguros se resisten a volver o llaman a las dos horas para informar de algún desastre, los abuelos no se hacen con él… al final, no compensa salir a cenar en pareja, por ejemplo. Y pasan los días, y para cuando lo piensas, hace meses que no te dedicas a aquello que te gusta.

Están también los “malos tragos” que con frecuencia pasan los padres: hay mucha gente que, por definición, supone que la mala conducta de un niño se debe a que está mal educado, no contemplan otra explicación. Por tanto, es culpa de los padres. Y ellos aguantan miradas y comentarios cargados de censura. Lo peor es que a veces vienen de familiares o amigos muy cercanos, incluso tíos o abuelos. Con frecuencia, es poco el apoyo que encuentran en la familia extensa o en cualquier otro grupo.

Los hermanos, entonces, encuentran que su familia está más aislada de lo que ellos querrían, para minimizar los problemas.

SOMOS HERMANOS…. ¿COMO LOS DEMÁS?

“Es complicado jugar con mi hermano. A veces se salta las reglas de los juegos y además, no sabe perder. Se enfada con mucha facilidad. Tanto, que a veces prefiero dejarle ganar para evitar peleas. No es que sirva de mucho, porque en cualquier caso es difícil no pelear con él: me coge mis cosas, a veces se le rompen, me interrumpe todo el rato… Muchas veces empezamos a jugar tranquilos, y entonces es estupendo. Pero nunca sabes cuánto va a durar. Eso sí, luego se le pasa de repente y viene a abrazarme”

Cuando hay un niño con TDAH en casa, aumentan las peleas y agresiones entre hermanos. A veces, los padres suponen que “son cosas de hermanos”, sin pararse demasiado a valorar si el perjudicado siempre es el mismo. El cansancio tiene mucho que ver con esto (es curioso que, en algún estudio, son los propios niños diagnosticados de TDAH quienes reconocen que tienen más probabilidades que sus hermanos de “irse de rositas” cuando hay un conflicto).

Otras veces, los padres encargan a los hermanos que cuiden del niño hiperactivo. Misión imposible, claro, y más si con frecuencia son ellos mismos el blanco de sus ataques. El fracaso está garantizado, con el malestar y la frustración que eso conlleva para los “cuidadores”.

Son sus hermanos, y claro que los quieren. En el colegio, procuran defenderlos. Intentan, en la medida de lo posible, que no se metan en líos. Y, en principio, se enorgullecen de que sus padres les confíen su cuidado. Pero acaban cansándose de no tener éxito.

 “A VECES, ME SIENTO MAL…”

“Quiero mucho a mi hermano, y sé que no hace las cosas por fastidiar. Pero me encantaría vivir en una familia más tranquila: que mis padres estuvieran algo más relajados,  poder invitar a mis amigos sin temor a que algo ocurra, o saber que si soy yo quien necesita que mamá me ayude con las matemática, no va a ocurrir nada que nos interrumpa”

Según los estudios, éstos son sentimientos frecuentes entre hermanos de TDAH. No quiere decir, en absoluto, que todos los hermanos se sientan así, ni que se sientan así todo el tiempo. Pero los autores recogen un anhelo de paz, de vida más o menos previsible, de atención también para ellos. Anhelos, que, a la vez, con frecuencia les hacen sentir culpables, por la sobrecarga que perciben en sus padres.

A veces reaccionan a la situación esforzándose por “no respirar”, no dar más trabajo a sus padres, apañárselas solos; o, por el contrario, luchan por obtener la atención de los padres, aunque sea por las malas. Ninguna de las dos opciones es buena, claro…

 MÁS VALE PREVENIR

Si tienes un hijo con TDAH y has leído hasta aquí, es más que probable que estés preocupado por tus otros hijos. Antes de agobiarte, ten en cuenta que este artículo recoge casi todos los problemas que puede tener un niño con un hermano TDAH. Pero, obviamente, no todos los hermanos tienen problemas. Y si los tienen, no los tienen todos.

Conviene, eso sí, que estéis atentos también a lo que ocurre con vuestros otros hijos. Según un estudio de Cagigal y Prieto (2006), los hermanos de niños diagnosticados como TDAH puntúan más alto que los del grupo control en prácticamente todas las áreas de problemas de conducta infantil. No obstante, en ninguna de ellas llegan a alcanzar significación clínica. Es decir, un hermano con TDAH es sólo un factor de riesgo más, no conduce a nadie a desarrollar problemas inexorablemente.

Pero, en cualquier caso, más vale prevenir. Estas son algunas de las cosas que podéis hacer para ayudar a vuestro hijo sin TDAH:

  • Contadle qué es el TDAH, qué supone en la práctica y qué puede o no esperar de su hermano.
  • Estad atentos a los estados de ánimo y cambios de conducta.
  • Aseguraos de que no siempre es él quien sale perdiendo si hay un conflicto.
  • Valorad cuánto y cómo le pedís que cuide de su hermano, y cuánta carga supone para él.
  • Buscad un tiempo especial para dedicárselo a él sólo, sin interrupciones ni interferencias ajenas.
  • Evitad el aislamiento familiar.
  • Cuando penséis que puede necesitar quejarse, ponédselo fácil y hacerle ver que entendéis cómo se siente, incluso si no podéis cambiar nada.
  • Enseñadle a fijarse también en los muchos momentos buenos que seguro que pasa con su hermano.

 

Sobre Belén Marina Gras

Licenciada en Psicologí­a. Especialista en Psicologí­a Clínica. Máster en Terapia de Conducta Infanto-Juvenil y Familar.