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TIMIDEZ E INTROVERSIÓN NO SIEMPRE VAN DE LA MANO

introversión¿Por qué se tiende a confundir la timidez con la introversión?

 

“La experiencia de una persona tímida sentada tranquila y silenciosamente en una multitudinaria reunión de trabajo, es muy diferente a la de una persona introvertida. El tímido tiene miedo de hablar, mientras que el introvertido se siente sobre-estimulado. Pero para el resto del mundo, parecen iguales, y ninguno de los dos es bienvenido. Los estudios demuestran que las personas que hablan más y más rápido son percibidas como más competentes, deseables, e incluso más inteligentes que las que no lo hacen.”

Susan Cain

 

La introversión es un rasgo de personalidad que tiene que ver con cómo respondemos ante la estimulación. El potencial del introvertido emerge cuando se encuentra en entornos tranquilos dado que su sistema  nervioso es más sensible a la estimulación y por tanto se activa fácilmente. Por ese motivo, se trata de personas reservadas que buscan menos situaciones novedosas, son más reflexivas, disfrutan del tiempo a solas, se sienten más a gusto en grupos pequeños y cercanos (donde pueden ser tan animados y habladores como el que más). Y cuentan con virtudes como ser buenos observadores, buenos escuchadores, capaces de transmitir calma, tal vez tengan menos relaciones pero suelen ser de mayor calidad, disfrutan de la soledad conectando consigo mismos y reflexionando por lo que a menudo tienen una vida interior más intensa y satisfactoria, son buenos pensadores, y son discretos y moderados.

Las personas extrovertidas sin embargo, buscan más estimulación para sentirse a gusto dado que su sistema nervioso tiene mayor umbral y por tanto necesita más cantidad de estimulación para sentirse satisfecho. De ahí que estas personas busquen más interacción social así como situaciones y sensaciones novedosas, son habladoras, les gusta atraer la atención y tienden a evitar la soledad entre otras características.

Susan Cain presenta un fantástico trabajo de investigación y análisis sobre la introversión y la cultura occidental en su best seller The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking. En este afirma que más de un tercio de la población es introvertida pero que, sin embargo, muchísimas de esas personas intentan actuar como extrovertidas, porque la sociedad así se lo demanda.

La sociedad occidental sobrevalora la extroversión considerando a estas personas como más competentes y deseables socialmente; de la misma manera, estigmatiza a las personas introvertidas al no cumplir los estándares anteriores de relación y comportamiento. Al final, el mensaje que emite la sociedad es “si no te comportas de forma extrovertida entonces algo va mal”. El retraimiento típico de los introvertidos a menudo se malinterpreta como timidez debido al poco reconocimiento que hay de la introversión en nuestra cultura. Puede que la introversión y la timidez se solapen, pero no lo hacen necesariamente, de hecho se puede ser tímido y extrovertido.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Los introvertidos eligen tener pocos amigos pero buscan que sean de calidad, pueden tener una buena competencia social y una personalidad sana y fuerte gracias a su capacidad reflexiva y a una buena autoestima. Sin embargo, las personas tímidas tienen pocos amigos por miedo, evitan la interacción social para no exponerse a la crítica o a la valoración negativa de los demás. Este aislamiento que normalmente tiene lugar en la infancia, dificulta el desarrollo social saludable y a menudo da lugar a un déficit de habilidades sociales que a su vez va a dificultar aun más su interacción con los demás.

Por tanto, las personas tímidas presentan dificultades en sus interacciones sociales debido a la ansiedad social que les produce, mientras que las personas sencillamente introvertidas eligen una menor interacción social al sentirse más a gusto acorde con un estilo más reservado y tranquilo a la hora de relacionarse.

Aceptarnos y querernos tal y como somos, aunque no encajemos en los estándares sociales actuales, es valiente y fundamental. Lo contrario, intentar ser quienes no somos para ser aceptados nos conducirá a la frustración y a la soledad.

 Si te respetas y te haces valer, habrá gente a quien no le gustes, pero quien lo haga lo hará de verdad.

Sobre Begoña RodrÍguez - Acosta

Psicóloga General Sanitaria. Licenciada en psicología por la Universidad Pontificia Comillas. Master en Psicología Clínica y de la Salud (CINTECO) y Experto en terapia de pareja. Ha colaborado en asociaciones y empresas como en el servicio de atención a niños y adolescentes en riesgo (ANAR) y en Thinking Psiconutrición.