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Cuidado con la felicidad obligatioria

Siempre he sido la “friki” que la noche de fin de año se niega a ponerse gorrito y a prodigar las estridencias del matasuegras. No me molesta que los demás lo hagan, o que me lancen serpentinas, pero me resisto a sentirme “contentísima” sólo por que toca. Como todo el mundo, esa noche lo paso fenomenal… o no, según los años. Lo normal, vamos.

Betania Y me preocupa también la creciente tendencia a bombardearnos con mensajes tipo “sé feliz: sólo depende de ti”. Nos insisten una y otra vez en que nuestro estado de ánimo depende de nuestra actitud: valoremos cada instante positivo de nuestros ajetreados días, fijemos nuestra atención en las experiencias agradables, preocupémonos de cuidarnos a nosotros mismos, quedémonos con lo positivo de lo que nos ocurre….

Y tienen razón, claro. Siempre hay algo que valorar, y claro que la actitud debe ser positiva. Y claro que debemos buscar la felicidad, que para eso estamos aquí. Pero me sigue pareciendo un mensaje incompleto.

EMOCIONES POSITIVAS… ¿PARA QUÉ?

Ciertamente, soy la primera que defiende que debemos disfrutar de los buenos momentos. De la alegría, del amor, de la plenitud, de la amistad, la diversión, etc. Hay que sacarles todo el jugo a las emociones positivas. Desde luego, la neuroquímica de nuestro cuerpo lo agradece, y eso a la larga se nota.

Pero en la vida hay más: hay disgustos, decepción, frustración, tristeza, cansancio, impotencia…. hay SUFRIMIENTO. Sé que nadie lo niega, tampoco. Pero la sensación es que los mensajes “mira la vida con gafas rosas” tienden a dejarse interpretar como “sal de ahí lo antes posible, procura que el sufrimiento dure menos que un telediario”.

Creo que estas emociones también son positivas. Lo que no son es placenteras. Obvio, a nadie le gusta sufrir. Pero estoy firmemente convencida de que los malos momentos también aportan, y mucho. En ese sentido son positivos. Aprendemos a sobreponernos, a no dejarnos hundir, a comprender el sufrimiento del que está a nuestro lado y también sufre. Sin malos momentos no maduraríamos, no seríamos personas completas. Cada dificultad superada nos prepara para abordar la siguiente con más garantías. ¿Tenemos, entonces, que luchar por minimizar cualquier sufrimiento? Es evidente que no tenemos que recrearnos en él, y que necesitaremos ayuda para salir si nuestros recursos personales no son suficientes (entre otras cosas, para eso estamos los psicólogos, ¿no?). Pero también hay que atender a los malos momentos, y vivirlos, tal vez sin concentrar toda nuestra energía en escapar de ellos lo antes posible. Porque a lo mejor nos perdemos algo.

Otro punto que me preocupa del “decide ser feliz” es qué ocurre con quienes, sencillamente, no pueden. Es estupendo despertarse por la mañana y apreciar, al levantar la persiana, lo precioso del sol, las nubes y lo limpio que está el aire, cuando lo está. Pero tal vez alguien no tenga fuerza para levantar la persiana, o tal vez tenga los cristales sucios y no consiga ver el aire limpio, o los verdes preciosos que brotan ahora en los árboles le parezcan más bien grises. O tal vez, objetivamente, esté lloviendo a cántaros, que también ocurre.

¿Cómo se siente quien sufre y recibe continuamente el mensaje de que ser feliz debe ser su único objetivo y, además, depende de él? Desde mi punto de vista, lo hundimos más. Añadimos a su sufrimiento el de sentirse incapaz de hacer lo que, aparentemente, otros hacen con facilidad.

Cuidémonos, entonces, de lanzar a la ligera mensajes que puedan hacernos pensar que ser feliz es obligatorio en todo momento. Y que si no lo somos, algo funciona mal en nosotros.

 Fotos: Bekah Richards y Cedelros

 

Sobre Belén Marina Gras

Licenciada en Psicologí­a. Especialista en Psicologí­a Clínica. Máster en Terapia de Conducta Infanto-Juvenil y Familar. Terapeuta EMDR. Experto en Mindfulness.