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La evaluación de TDAH

 

¿Cómo sé si mi hijo es hiperactivo? ¿Quién diagnostica un TDAH? ¿Qué pruebas hacen falta para un buen diagnóstico de déficit de atención?

Últimamente nos llama mucha gente preguntándonos sobre la evaluación o el diagnóstico del TDA-H. Normalmente se tienen muchas dudas sobre qué pruebas deberíamos aplicar y en algunas ocasiones los padres no están seguros de que sus hijos hayan recibido  un buen diagnóstico.

También nos encontramos niños a los que nos es difícil prestar ayuda porque traen un diagnóstico basado exclusivamente en el juicio clínico de un profesional o en una única prueba y, además, no están respondiendo al tratamiento que se les ha pautado, aspecto éste muy significativo dados los avances que ha habido en este tema.

No es que a los profesionales les falle el juicio clínico, la mayoría de las veces no andan nada desencaminados en el diagnóstico. Lo que ocurre es que para la intervención necesitamos además conocer las capacidades del niño, para aprovecharnos de sus puntos fuertes y compensar los débiles. Como diría mi abuela, para un buen diagnóstico “más vale que sobre que no que falte”, porque a nadie nos gusta que para diagnosticarnos se escatimen esfuerzos y pruebas.

Habitualmente el diagnóstico no es exclusivo del psicólogo, sino que se realiza en colaboración con un neurólogo infantil o un neuropediatra, Os voy a dar algunas orientaciones sobre las pruebas más comunes usadas desde el ámbito de la psicología para obtener un diagnóstico lo más completo posible, base imprescindible para que los niños se beneficien del mejor tratamiento que podamos poner a su alcance.

Normalmente aplicamos Tests de Inteligencia: los más extendidos son el WISC-IV. que nos proporciona varios índices diferenciados, y los llamados de factor G, como el Raven, el TONI-2, Dominó…

No sólo nos interesa conocer la inteligencia del niño, que va a tener mucho que ver con un buen pronóstico del trastorno, sino las diferentes capacidades que influirán en el rendimiento académico. De ahí que el WISC-IV, al darnos índices diferenciados de comprensión verbal, razonamiento perceptivo, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento, nos permita conocer los puntos fuertes del niño para aprovecharlos, así como sus desventajas, que deberemos compensar, todo ello de cara a un posterior trabajo en la consulta. El resto de pruebas, libres de influencia verbal, nos proporcionan una medida más global y menos influenciada por el TDAH si es que éste estuviera presente.

Tests de Atención: este punto es crucial, porque como bien sabréis, las dificultades atencionales, junto con la impulsividad y la actividad motora excesiva, forman los tres ejes del trastorno. Y es aquí donde quizás haya que poner más énfasis en hacer una buena selección. Normalmente no hay que basar el diagnóstico en una única prueba, porque a veces los niños tienen un mal día, o, por el contrario, de manera puntual tienen una ejecución excepcional, que tampoco sería un correcto reflejo de sus capacidades. Algunos ejemplos de pruebas son  Caras, EMAV (Escala Magallanes de Atención Visual), D2 ó AGL (Atención Global-Local), Las informaciones que obtenemos de estas pruebas no se solapan, sino que nos aportan diferentes índices, como la atención focalizada, la atención sostenida, la velocidad de procesamiento atencional… En definitiva, nos interesa saber si el niño es capaz de distinguir lo esencial de lo accesorio, si su rendimiento cambia a medida que pasa el tiempo, si trabaja a un ritmo adecuado para su edad o si por el contrario es demasiado lento, si pierde información crucial para cada tarea, etc.… y estas pruebas nos dan resultados muy relacionados con estos aspectos.

Tenemos también los llamados Tests de Ejecución Continua, que evalúan al sujeto realizando  tareas diferenciadas a lo largo de un tiempo de ejecución, analizando su rendimiento, el número de errores, de aciertos, el tiempo que tardan en procesar los estímulos, etc. Aquí hay dos grandes pruebas que se utilizan normalmente, el CPT-II de Conners o la prueba AULA de Nesplora. Estos test de ejecución continua o CPT (Continuous Performance Test) ayudan a delimitar los procesos atencionales de manera muy eficaz.

Es habitual también que utilicemos Tests Perceptivos, que nos darán indicadores sobre la forma en que los niños abordan y organizan la nueva información que reciben, su memoria y su estilo de procesamiento visual, así como los errores que cometen en el proceso. Algunos ejemplos son el Test de la Figura Compleja de Rey o el Test Gestáltico Visomotor de Bender.

También es común el uso de escalas y registros sobre el comportamiento, el rendimiento académico y la percepción de los maestros y padres sobre los niños a evaluar, como son el EDAH, la escala VANDERBILT, el BASC e incluso los criterios diagnósticos de las clasificaciones médicas.

Por último,  es esencial el bloque dedicado a la evaluación de las funciones ejecutivas, que tienen que ver con la capacidad de programar, desarrollar, secuenciar, ejecutar y supervisar cualquier plan de actuación previamente establecido. Controlan básicamente la autorregulación de la propia conducta y las capacidades de planificación y de  toma de decisiones. Asimismo,  influyen de manera directa en la regulación emocional, que puede interferir o no en la consecución de objetivos.. La mejor prueba que tenemos en esta área es probablemente el ENFEN (Evaluación Neuropsicológica de las Funciones Ejecutivas en Niños).

De acuerdo con lo anteriormente explicado, en Betania Psicología ponemos especial cuidado en escoger pruebas que abarquen con amplitud suficiente todas estas áreas. Y, dentro del abanico disponible, ajustamos nuestra elección al perfil particular de cada niño. De esta forma, si el diagnóstico llega a confirmarse, los objetivos de la intervención queda mucho más delimitados, y en un tiempo mucho menor, ya que conocemos qué podemos aprovechar en cada niño para compensar sus áreas más deficitarias.

Con los resultados de las pruebas elaboramos un informe y explicamos a los padres, con todo el detalle que ellos requieren, cuáles son los puntos fuertes y los débiles del niño y cómo le afecta todo ello. Les orientamos si los resultados nos indican la conveniencia de visitar al neurólogo o neuropediatra. En el caso de considerarlo oportuno, y solo si el niño lo necesita, establecemos un plan de tratamiento o de apoyo para aquellas áreas en las que requiera mejorar.

En ocasiones, el niño necesita pruebas específicas de lectura, cálculo o escritura, que en Betania sólo aplicamos en los casos necesarios, para no extender el diagnóstico en el tiempo y no someter al niño a pruebas innecesarias.

Normalmente tardamos unos 3 ó 4 sesiones en aplicar todas las pruebas que os he comentado. Siempre trabajamos animando al niño a obtener la mejor ejecución posible en las pruebas, valorando qué prueba es mejor aplicar en cada momento.

Como siempre, en Betania quedamos abiertos a resolver cualquier duda, comentario o sugerencia que tengáis para nosotros. No dudéis en contactarnos, tanto si queréis información más detallada sobre el tema como si necesitáis ayuda o simplemente que respondamos a vuestras dudas o inquietudes Ya sabéis, podéis escribirnos, llamarnos o, simplemente, comentar este post.
Crédito de la Imagen: marimartinez1963 via Compfight cc

Sobre Patricia Díaz Seoane

Licenciada en Psicología. Experto en Terapia de la Conducta Infanto-juvenil y Familiar. Especialista en Atención Temprana. Experto en Clínica e Intervención en Trauma y E.M.D.R. niveles I,II y III. Diplomada en Educación Social. Psicóloga especializada en Duelo infantil y juvenil de la Fundación Mario Losantos del Campo.