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Recuperarse en vacaciones

En Navidad, muchos tenemos unos días de descanso. Y la pregunta es: ¿de verdad descansamos? O, dicho de otra forma, ¿sabemos cómo hacerlo y por qué lo necesitamos?

Trabajar siempre supone una exigencia (física, intelectual, a veces social…). La mayoría de las veces es, además, fuente de estrés. Además, es un esfuerzo sostenido. Y, por lo tanto, cansa. Ya, claro, en los tiempos que corren, nadie se queja de lo cansado que es trabajar; al menos, tenemos la inmensa suerte de tener un trabajo. Pero, objetivamente, el agradecimiento no está relacionado con el desgaste. Y, agradecidos y todo,  necesitamos recuperarnos.

El proceso de recuperación, para que sea efectivo, debe producirse tanto a nivel físico (reparación del desgaste generado por el estrés, la falta de sueño, etc., devolviendo a nuestro organismo sus niveles de equilibrio) como psicológico (volver a poner a punto nuestros recursos personales).

Según Colombo y Cifre, de la Universitat Jaume I de Castellón, debemos tener en cuenta que no todo el tiempo que pasamos fuera del trabajo es tiempo libre o de ocio. Hacer la compra, ocuparse de los niños o llevar el coche al taller no son. en principio, actividades reparadoras.

Recuperarse implica “desconectar”, es decir, desligarse, alejarse de nuestras fuentes de estrés tanto física como psicológicamente. ¿Qué tipo de actividades nos ayudan en el proceso?

  • Actividades de bajo esfuerzo: ver la tele, descansar en el sofá, hojear una revista, hacer labores… Son “tareas” que ayudan a la reparación fisiológica tras el trabajo.
  • Actividades sociales: reuniones con amigos, fiestas… Requieren de nosotros la puesta en funcionamiento de habilidades y recursos diferentes de los del trabajo. Además, nos ayudan a mejorar nuestro apoyo social.
  • Actividad física: el ejercicio contribuye siempre a la reparación tanto fisiológica (normaliza nuestro organismo, aumenta nuestra resistencia a la fatiga…) como psicólógica (favorece un estado de ánimo positivo).
  • Actividades que implican retos cognitivos: juegos de mesa o de ordenador en los que necesitemos pensar, calcular estrategias, etc.; leer, escribir…. También nos ayuda aprender cosas nuevas (un idioma, el manejo de un nuevo software, un instrumento, un curso interesante…).

En resumen, se trata de elegir, para nuestro tiempo libre, actividades que sustenten el proceso de reparación. Que nos permitan dejar a un lado el estrés, nos relajen, nos hagan disfrutar y, al mismo tiempo, favorezcan nuestra recuperación física. Tengamos en cuenta, eso sí, que elegir estas actividades es un proceso voluntario, que depende de nosotros. Pongámonos a ello. ¡Que descanséis!

Fuente: Colombo, V. y Cifre, E. (2012). La importancia de recuperarse del trabajo: Una revisión del dónde, cómo y por qué. Papeles del Psicólogo, Vol 33 (2), 129-137.
Foto: Tambako the Jaguar
 

 

 

 

Sobre Belén Marina Gras

Licenciada en Psicologí­a. Especialista en Psicologí­a Clínica. Máster en Terapia de Conducta Infanto-Juvenil y Familar. Terapeuta EMDR. Experto en Mindfulness.