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Comiendo con la cabeza

Son muchos los problemas que se asocian al sobrepeso y a la falta de control sobre la comida. Y no sólo pensamos en los muy conocidos riesgos para la salud. Hablamos de autoestima, de aceptación social (y en ocasiones, de rechazo) o de sentirnos limitados para poder hacer gran cantidad de actividades. Añadamos los problemas sexuales y de relación derivados de nuestra insatisfacción y de nuestras inseguridades.

Este es un momento muy acertado para hablar de estos temas. Con el eco de las navidades todavía en la cabeza, somos más conscientes de los excesos que nos hemos permitido. Y, claro, nuestro peso pasa a engrosar la lista de buenos propósitos para el año que empieza. Seguramente, a estas alturas ya hemos empezado nuestra dieta. Y ya hemos topado con las primeras dificultades: desánimo; aburrimiento, falta de voluntad….

Me gustaría  aprovechar el momento para introducir una reflexión sobre el núcleo de nuestras dificultades para mantenernos en el peso deseado: nuestras creencias y nuestros pensamientos.

Sin darnos cuenta, nos decimos a nosotros mismos (y nos creemos, que es peor) cosas que  no son más que frases aprendidas, automáticas. No somos conscientes de que con frecuencia son afirmaciones falsas, pero son las que nos mantienen repitiendo mismas  conductas Hacemos una y otra vez lo mismo, con lo que los resultados finales (malos) no cambian. Y aunque las posibilidades son inmensas y muchas son muy personales y propias de cada uno, querria hablar de algunas  esas frases que he oído con mucha frecuencia en los grupos con los que he trabajado:

“Soy de buen comer”

Esta es una de mis favoritas. El comer se convierte ya no solo en algo placentero (que lo es) , sino que se convierte en un logro. Admiramos al que come mucho y el que lo hace se enorgullece de ello. Sin embargo varias preguntas me vienen a la cabeza cuando oigo esta frase… ¿Qué es comer bien? ¿Comer mucho? ¿Que le gusta mucho la comida? ¿Que disfruta comiendo?

En realidad, lo que me encuentro es que generalmente quien dice esta frase no disfruta de la comida. Come rápido, no  saborea, no le dedica tiempo a disfrutar de eso que afirma que le gusta tanto.  Y además, el hecho de que pueda comer tanto se debe precisamente a su forma de comer. Comer muy rápido hace que nuestro cerebro no tenga tiempo de recibir las  señales de saciación, con lo que comemos mucho más de lo que necesitamos. No nos hemos “enterado” a tiempo de que ya teníamos suficiente.

“No puedo estar toda la vida a dieta”

Esta frase nos genera mucha desesperanza. Pensamos en el esfuerzo tan grande que hacemos para adelgazar y sólo pensar que será siempre así nos desagrada y nos lleva a abandonar o a no empezar nunca. La verdad es que la palabra dieta se ha utilizado mal y tiene muy mala fama. Confundimos la palabra dieta con “dieta de adelgazamiento”. Dieta es, según una de las acepciones de la RAE, el “conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento”. Es decir, si todos comemos, todos seguimos una dieta. Claro, también encontramos otra definición: “régimen que se manda observar a los enfermos o convalecientes en el comer y beber”. Con un objetivo, en nuestro caso perder peso. Evidentemente, no es lo mismo una que otra. No es lo mismo adelgazar que mantener un peso. Para adelgazar tengo que aportar a mi organismo un poco menos de lo que necesita, para que haga uso de las reservas. Sin embargo, para mantenernos, no.

Todos tenemos una dieta, aunque no le prestemos atención. Puede ser una dieta sana o no, pero es una dieta. El objetivo final no es sobrellevar de por vida una dieta de adelgazamiento, sino establecer como hábito una dieta equilibrada: doy a mi organismo lo que necesita para sentirse satisfecho y funcionar correctamente.

“La comida sana no sabe a nada”

Viene muy relacionado con la frase anterior. Por un lado la pregunta es qué es comida sana. La comida sana es una alimentación equilibrada, en la que doy a mi cuerpo todo lo que necesita y en las cantidades que necesita. Puedo comer casi de todo, solo que de la manera adecuada. Puedo comer un cocido de vez en cuando, aunque no todos los días y no sin medida. Esos factores (el exceso y la frecuencia), más que los ingredientes, son los que conviertan una comida en no-sana.

Tal vez solo se trate de aprender a cocinar de otra manera, o de incluir nuevas recetas en nuestro repertorio habitual. Afortunadamente, cada vez hay más libros de cocina que nos enseñan a hacer la comida sana tan sabrosa como la que más.  ¡Vayamos más allá del triste filete a la plancha con poca sal acompañado de lechuga casi sin aliñar!

“Después de comer me siento mejor”

Para finalizar, esta otra frase que he oído muchísimas veces. Probablemente, la más extendida de las posibles creencias irracionales. Es verdad que en cierta medida la comida, especialmente los carbohidratos, es un “ansiolítico” natural. Todos tenemos la experiencia de lo placentero que es echarse una siesta después de comer. Si estamos nerviosos o preocupados, al comer parece que todo se relaja.

Hasta aquí es todo parece verdad. El problema viene después. Porque después de la siesta o del helado, los problemas siguen ahí. Comer no ha solucionado nada. Y, por ese sistema, si quiero seguir bien tendré que seguir comiendo. . Y, además, aparecerán los sentimientos de culpa y, con el tiempo, el malestar por nuestra imagen corporal. Y a falta de otras herramientas de afrontamiento, ese malestar nos devolverá de nuevo a la comida, haciendo que el círculo malestar-comida sea cada vez más  difícil de superar.

En resumen, si este año tu propósito es perder peso y aprender nuevos hábitos para llevar una vida más sana, ten muy presente que para conseguirlo es necesario que tengas en cuenta muchas más cosas que el simple (aunque duro) hecho de  seguir una dieta de adelgazamiento. Son tus pensamientos, las cosas que te dices y que das automáticamente por ciertas, los que te harán o no alcanzar tus objetivos.

Si te interesa el tema, no dejes de  leer más información en MÉTODO MIND -EAT de-peso y en el artículo “El lunes empiezo”.

Foto: Yon Garin

Sobre Víctor de la Torre

Licenciado en Psicología. Master en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid. Psicólogo colaborador de la Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid